lunes, 28 de noviembre de 2016

Cómo decirte qué, pregunto.



Cómo decirte qué, sin señalarte. Cómo apuntar maneras sin saber cargar el arma. Cómo ahogar el silencio si lo tienes guardado. Cómo sacrificar los fracasos y exponernos a una derrota. Cómo dejar de pensar pensando en cómo dejar de pensar. Redundancia. 
Quiero que te quede claro: quiero amarte a oscuras. Voy a llenar la casa de cosas cursis y empezaré diciendo que el resto no me importa, como si todas estas cicatrices fueran de los golpes que me doy al despertarme de las pesadillas. Como si las peores no fueran despierta. Como naufragar. Mi amor, llevo siglos nadando contra corriente y no sé.
Cómo no tenerte miedo si es lo único que me han dado.
Dónde voy, has de saberlo: se me han borrado todas las ideas y tenía cientos, pero muy mala memoria.
Me moría.
Me moría por decirte que quiero que me escuches; la última vez que dije eso mi psicólogo se dió de baja.
Esto no es un poemilla de mierda de un autor moderno con un postureo de náusea. Esto no es un poema, de serlo yo no sería yo, sería otra cosa y no hablaría de ti.
Tengo dos mil razones para no olvidarme de nada, cuando nada me olvida a mí.
Tengo la conciencia tranquila, entiendo que quieras joderme; yo también me envidiaría.
Me paso el día quejándome por no decirte "corazón, cariño mío, mi flor, mi pétalo, mi niña, sálvame por favor, quédate conmigo", te prometo que no sé cómo llamarte para que aparezcas. Porque he conocido personas maravillosas a las que he preferido hablar de ti, y he llegado a arrepentirme: no te asustes, he vuelto.
Voy a hacerle el vacío al vacío para que sepa que estorba.
Que no estás bien, pequeñita, y nadie te ha hecho nunca más daño que tú misma.
Que no está bien todo el daño.
Tengo un montón de ideas y excusas en la cabeza para pensar una noche más que nunca jamás estuve tan rota como aquellos días.
Y que ojalá se equivoquen todos, mi amor, ojalá sepan que hay cosas que es mejor no quedarse, que ya estaba escrito, pero la envidia es mejor darla.
Estoy a nosécuántos kilómetros de querer soltarlo. Tengo una casa con vistas a otra en Madrid. Una vez fui sola y estaba muy triste, y abracé a alguien, y por primera vez sentí que todo iba a salir mal, pero me alegré. Yo jamás se lo dije, me alegré muchísimo, era la primera vez que alguien me decía "todo va a salir mal, pero no importa, ahora estamos aquí". Era la primera vez que me fui sincera en el espejo.
Y entonces lo supe: estoy tan enamorada de mí que sólo quedaba sitio para arrepentirme por todos los que no supieron hacerlo.
Me dejo notas como esta porque sé que mañana será otro día, y pasado otro, y se borrarán, y no diré mentiras porque nadie me enseñó a tirar la piedra y esconder la mano.
Y ahora me voy, que es tarde, y tengo que volver a mentirme mañana.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Un día vomité todas mis letras y desde entonces siempre.

Mi lista de cosas antes de morir acabará con una X en mi tumba, porque también supe morir de todas sus letras.

Quiero pasear por P de la mano de T,
mientras se me olvida lo que me dolió antes.
Quiero contar con A cuando necesite huir. Y con J, con B, con I, con E, con N, con K, y con los mejores paisaje que seamos capaces de imaginar.
Quiero contarte a R que no tenía razón, porque a mí me sobraba. 
Decirle a J que lo que le frena es miedo, aunque le ponga otros nombres.
Quiero que A y J sean felices.
Que J y A sean felices.
Que G y E sean felices.
Que C sea feliz.
Que yo sea con ellos.
Quiero encontrarme con M también cuando vaya con C, y que tema que C quiera venirse conmigo. Que M sepa que siempre me cayó mejor que el resto, porque era M siendo muy de M e ignorando al resto. 

Beber con M y gracias a M.
También beber con T, contarle a T que al corazón no se le ponen multas, y por eso daba igual 150km/h, que lo que quería era un viaje lento. 

Darle las gracias por B, pero que entienda que jamás volvería.
Quiero enamorarme de alguien que me haga tener el pulso dónde lo tuve con M, y me trate como yo quiero a T. 
Decirle a S que no me convence, pero que C tampoco, ni G, ni J, ni D, ni A, no.
Quiero que I sea un templo donde no haya miedo porque estoy justo en el momento en el que quiero estar.
Que me hagan bailar toda la noche, muchísimas noches en L.V.M. No arrepentirme de nada. 

Que T sepa que la última vez no lloré, no perseguí su recuerdo, ni me persiguió el sentimiento de buscar más allá, pero sí la indiferencia ante la ausencia.

Quiero que nadie absolutamente nadie se atreva a regalarme 'te quiero' olvidándose el 'follar', quiero que se pierdan todas. Que me encuentre alguien que de verdad merezca el desastre que dejo cuando brotan desde dentro pétalos de rosas.
Quiero reconocer que antes de morir quiero sobretodo vivir. Que no es sólo deseo, también acumulación de pólvora.



viernes, 6 de mayo de 2016

Maletas.


Ayer me sentí cobarde luchando por defender que soy valiente, mientras me quedo quieta con el miedo, esperando un golpe a los estados de ánimo.
Ayer quería, quería casi tanto como hoy, porque nunca es demasiado.
¿Cuándo?

Me han hecho la mejor foto en la que me podía ver reflejada por dentro,
y tiene vistas a esa ciudad enorme y caprichosa en la que ya no queda nadie sujetando mis muñecas.

Si me hubieras llamado a tiempo habría hecho mejor las maletas;
le estoy dando demasiadas vueltas a la idea de no darle más vueltas.

No me gustó mentirte, pero no fui yo quien te pidió que me creyeras.
Estuviste mucho tiempo encerrada en aquella caja que yo guardaba en mi pecho.
Y sonabas cada mañana, como un despertador que anuncia una tormenta.
Con los destrozos cosiste enredaderas en mis costillas, lo pusiste todo perdido de flores y raíces
y otras se ofrecieron a trepar.
Tú te hacías la ofendida, y yo no quería jugar.
Me dejaste ser, dejándome a mí de lado y te convertiste en la escusa perfecta para huir del ruido.
Me enfriaste las palabras sin necesidad de hielo y me volcaste la esperanza aún sabiendo que ya estaba en la cuneta.
Me colmaste el vaso con besos que no eran nuestros,
con noches que no sabían a nada,
con días que podían llenarse porque no tenían nada.
Y yo... Yo quise pasear contigo hasta desgastarme.
Aunque estuviéramos encerradas en algo para lo que yo no encuentro adjetivos, pero otros llamaron “tiempo”.
Te fuiste, sin saber a dónde y yo deseé que no tuvieras el valor de volver nunca más.
Me dejaste una maleta con las cosas importantes y yo brindé por darme cuenta de que después de todo siempre queda nada.
Tenía corazón aunque tú lo perdiste.
Tenías suerte y me perdiste.
Tuviste ocasión de hablarme de futuro antes de ser pasado,
pero lo hiciste en presente, de los que no van a ninguna parte,
por eso ahora es pasado.

Te quise durante dos días y una noche,
y de verdad: me hubiera quedado.
Pero tú me lo advertiste: No hay nada aquí a mí lado.

Y yo hice otra vez las maletas.
Qué iba a saber Madrid, si la quise tanto que casi pierdo la cabeza.
Qué ibas a saber tú de mí, si te quería sin conocerte y no entiendes que ahora que lo hago, no.
Lo siento Madrid, por todos los platos que dejé rotos, por ponerlo todo perdido de heridas que nadie es capaz de cerrar.
Lo siento por ella, porque si me hubiera quedado seríamos dos.

Pero estoy muerta. Lo saben los que me vieron acudir a mi propio funeral con un ramo entre las piernas, por aquellos que se prometieron dejar un montón en la puerta de alguien a quien pedir perdón.
No lo entiendes, verás; lo hice bajo una advertencia y ellos gritaban: estás muerta.
No, no llames; tengo la mirada perdida y otra se la ha encontrado.
Si encuentro el arma a tiempo, cuenta tú el tiempo que se tarda en desaparecer del todo.
Lo siento. Por eso lo hago; ojalá te des cuenta.

Estar muerta para mí es estar viva.
Apunta,
dispara
y tranquila.


domingo, 3 de enero de 2016

Feliz o lo que seas.

No me creas si te digo que no puedo más, no estoy acostumbrada.
No te asustes cuando te digo que aquí no, ni te enfades, que estás igual de guapa, pero mira toda esa gente.
No le des vueltas a mis "me voy", lo hago para que sepas que así también me quedo.
No te comas la cabeza si a las seis sigo despierta y no nos dan las siete porque no contesto, no voy a ofrecerte nada que no pueda darte.
Finge normalidad al encontrarnos, nos presentaremos las veces que haga falta. A esta invito yo.
No me culpes por haberte desconocido así, tú también.
No te creas lo que te cuentan, a la tercera nunca va la vencida a ninguna parte.
Que no te sorprenda: hoy he estado en tu portal,
que no te tapes: no era contigo. Y no hablo de mí.
Y no me llores cuando dices "una de estas veces te lleno el coche de nieve y nos quedamos a vivir", y te digo que no. Pero de verdad, ¿Cómo te atreves a decirme "no te creas"? Tú, que no destruyes, prefiero hacerlo yo.
Porque tú siempre serás de alguien pero muy tuya, pero mira toda esa gente.
Que no, joder. Que no sé lo que te pasa. Pero a mí tú.
Que llevas la mitad de la vida muerta, porque eres una forma de morir.
Pero no sé de qué sueño cojeabas antes de hacerlo, ni si tenía pesadillas que le hacían levantarse de un golpe con noséqué pie.
Que no sé por qué escupes sangre, ni se traga 40 pastillas al día, ni si quiera sé por qué siempre tengo que agarrarla para que no se lleve el aire sus veintipocos. Muy pocos.
No sé por qué se droga, ni por qué no debería hacerlo. No sé si es verdad lo de sus cinco enfermedades mortales, ni si quiera una. No sé por qué no le tiene miedo a nada más que a tener que reconocer que tiene miedo.
Tampoco sé porque me gustaría padecerla y morirme de su misma muerte. Despertarme en mitad de la noche por su falta de sueño y saltar en la cama después de las pesadillas.
No lo sé, no la sé. No me sé su historia por muchos libros que haya leído. No la conozco, no voy a colarme en su fiesta.
Pero me gustaría llamarla esta noche y contarle que cuando acabe esa canción y apague la radio, sólo tardaré dos minutos más, que como siempre llego tarde:

Feliz Navidad, y tal.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Tercera persona de una misma.

Ella es ella, nadie más.
Piensa en ella dos veces al día, y cinco en  resto. 
Cuenta hasta diez y la besa hasta perder la cuenta.
Ella es la que baila mejor que nadie su canción favorita, pero no deja que nadie la vea bailar.
Canta a niveles que no alcanza la razón.
Gime cuando no puede más, y cuando puede se muerde la lengua, y deja que otros los labios la besen.
Una vez me contó que la vida era otra cosa, que esto sólo es un rompecabezas que no le gusta. Que prefiere jugar con otras piezas.
A veces se imagina muerta y se llora. Se lleva flores todos los domingos e imagina que alguien lo haría arrepintiéndose de no haberselas llevado cuando seguía viva.
Se imagina dentro de diez años enamorada. Un amor pastel de chocolate, un amor sinvergüenza y sin vergüenzas, un amor descarado, un amor de niños, un amor a mano alzada, de casa compartida y perro, de fiestas los sábados y follar en el portal, para repetir en la cocina, en el salón, en la cama. Un amor de un sueños, de dos. Y de cientos. Un amor carcasa y cascada. Un amor. Sólo uno cuando se quieren dos. 
Piensa en escribir un libro pero sus dedos lanzan disparos a todas partes y no sabe cómo ordenarlos.
Quiere correr riesgos, por eso llama dos veces. Por eso sueña con chicas con las que se estaría corriendo toda noche y volvería a llamar.
No se atreve a admitir que quiere a alguien cuando quiere de verdad, pero no le gusta perder el tiempo, así que lo deja en una cajita y sigue masturbando al amor que un día pensará que es el de su vida y resultará ser el de la vida de otros.
Se emborracha una vez al mes para tener el valor de buscar lo que no se atreve el resto del tiempo.
Sabe que follar no es un baile siempre de dos. Y aplauden al final de cada acto.
Se obedece a sí misma y no siempre le va bien.
Tiene dos hermanas, dos caras de una misma moneda: a una le cuesta dar dos besos y otra regala abrazos.
Siempre que llora se esconde de sí misma, y asegura que para eso están las sábanas.
Lleva un anillo con un "te quiero" que jamás se ha creído.
Folla contigo, no esperes que no lo haga con otra.
Es de alguien que aún no conoce, quizás suya.
Quiere que todos los pájaros nos enseñen a volar, pero no viene a cuento.
Es la mitad de otra cosa. Y a veces entera, te dice "no me llores". 
Y " no me llores" también es su libro favorito.
Cuando la conocí pensé que todavía no nos conocemos. Pero nos conocemos demasiado.
– ¿Te has enamorado alguna vez?
     – Nunca he dejado de hacerlo.
– Me gusta cómo escribes.
    – Es lo que me toca. 
– Y, ¿Ella te ha gustado alguna vez?
    – Me ha gustado todas las veces.

Ella es ella, que soy yo, y esta vez vamos al baile.
 

martes, 3 de noviembre de 2015

Hot-el(la).

Una mala noticia provoca un grito en la habitación 155. Un grito causa un infarto en la habitación 159. Un cuerpo cae desplomado al suelo y suena el golpe en la 149. Cae una lámpara que incendia la 149, 148 y 147. Todos somos evacuados y tú no estás para sanarme. Ni para tonterías.

El teléfono suena tres veces, la puerta cinco. No contestas. Quince cartas sobresalen del buzón, y tú no apareces para leerlas.

Tres. Cinco. Quince. Nunca sé me dio bien contar si no es contigo.

Te espero desnuda y ya he encendido la luz cuatro veces. Ya sabes, siempre hay alguien que mira. La piedra en la ventana me rompe los cristales. Por ti masticaría piedras que después escupiría al resto. 
Suena una canción y no me tocas. Ya estoy pensando en follarte y ni ha llegado el estribillo. No me tocas.
Vamos a echarlo a suertes, quizás así me toques.

Caliento café para siete vidas. Contigo viviría otras sietes y querría morirme catorce. Ni lo sueñes; de esta no salimos con vida.

Podríamos salir esta noche. Ponte cualquier cosa que quiera quitarte.
Ambos sabemos que antes del siguiente mensaje voy a quedarme dormida. Tira tú la botella al mar.

El hotel que ayer llevaste a la ruina sale en los periódicos, la radio lo ha dado vueltas y el telediario lo ha vomitado.
¿En serio no te has dado cuenta?
Suena tu puerta y abres. No hay flores, ni vino; más bien un "se fue".

Tendrás que reconocerlo, mil personas salen corriendo de un hotel porque tú has llamado para decirme que, esta noche tienes una reunión y no vas a poder asistirme. Estás a tiempo antes de que otro imperio caiga, esta noche... ¿Me tocas?


viernes, 23 de octubre de 2015

Madrid.


Pierdo la noción del tiempo, hablo con prisas, ando esquivando, gano personas que me han ganado a mí. Hablo en y de sueños. No duermo, por ruido, nervios y formas.
Hablo de Madrid como si estuviera enamorada de ella, porque lo estoy. Pero también la odio. Odio cuando la mastico porque la siento pérdida, odio cuando corro y nunca llego a tiempo. Odio, porque de quererla todo el tiempo dolería mucho más.
He conocido risas que me han salvado mil veces la vida, ojos en los que me he quedado a vivir, y ahora que no los tengo delante me siento como una ciega que ha perdido a su perro guía.
Soportemos la pérdida, y asumamos si es así que vendrán cosas mejores, pero también peores. Más o menos tiempo. Más o menos miedo. Más o menos risa. Más o menos sexo. Más o menos. No dejemos de hacer cuentas, pero que no se nos olvide quién nunca más podrá contar con nosotros.
Si pudiera escribir todo lo que he callado este tiempo, publicaría un libro con una soga en la portada y una nota de suicidio al final. Pero sigo llegando tarde a todas partes, y ya sabes, que llegar tarde sólo es creer que te quedas sin tiempo porque una aguja lo dicta. Somos adictos a creer lo que nos cuentan y se nos olvida creer en nosotros.
Ojalá gritásemos todos a la vez más veces, bailásemos más veces, follásemos más y nos doliese menos darnos cuenta de que así también nos enamoramos.
Pero yo he venido hablar de Madrid, de las tres letras en un bar, de la poesía de otros, de la música en las manos de un desconocido, de la voz de una desconocida, de las lágrimas que son de sal y curan, he venido, pero también me voy.
Que las ciudades nos pillen confesados, que nos vamos a morir igual.



lunes, 13 de abril de 2015

'No sé qué decir, nunca creí en Dios.'


Llevo tres vidas escribiendo un suicidio y no conozco peor metáfora de una cárcel.
Llevo media hora detrás de otra media hora que venía detrás de un montón de horas, echándote de menos por despiste, buscando pistas para volver a tu ciudad.
21 años cagándome en la puta,
Queriendo huir,
Matar a los políticos,
Besarte,
Morirme,
Joder, otra vez.
He vuelto a beber pensado en tus labios, he vuelto a correr, como si te corrieras tú
y quisiera alcanzarte.
Me he perdido
y te he encontrado.
He pensado en mudarme mil veces, y ninguna era verdad
Pero ahora tú.
Y yo.
Nosotras.

He conseguido mirarte sin querer, y quererte sin mirar,
Sin manos,
Sin hostia
Sin luz al final del túnel.
Contigo no me hace falta.

Escribo torcido.
Vivo cuesto abajo.
Lo cierto es que desde que no escribo hago fotos al tiempo, a ver sí así, de una puta vez, me salen tus palabras haciendo malabares,
y vuelves, volando, con esas alas de musa de nadie,
por ser mía.
Perdóname por morir cada vez que no te tengo,
Por la desgana de seguir
Por la soga a medias
Por la silla mal puesta
Por la falta de luz
Perdóname,
pero sobretodo no me perdones,
pues no tengo perdón de Dios y ni si quiera confío en que exista.

He vuelto a escribir otra vez del puto tema del amor
Igual de esta salgo contigo, con vida
pero no veo el túnel, amor… no veo la hora de salir con vida,
espero que no quiera quedarse sola mucho tiempo.




Te echo de menos.

lunes, 2 de marzo de 2015

Tengo alas en sus manos.


Le pedí que dejara la puerta abierta y se abrió una herida.
Nunca le dije que podía correr imaginando que vuelo, con los ojos cerrados,
que voy mucho más deprisa cuando nos acercamos descalzos,
y ahora que lo pienso las noches son menos largas y el frío mucho menos frío,
y las flores secas están igual de muertas pero aún cambian de color.
No sabría hablaros de Marzo con las manos vacías,
ni contar estrellas si no es en su pelo,
ni saltar los días.
O quizás sí que sé y se nos está olvidando,
ese era el truco; olvidarlo todo.
Caer en punto muerto en la cuenta de otra,
salirnos de la nada y creer que hay un todo,
dejar la copa medio rota,
y el vaso jodido.
No conozco mayor símbolo de la libertad que mirar hacia arriba,
ni mayor esclavitud que una cama,
lo siento; nos desconozco una y otra vez,
quizás es mi afición a conocerte cada día como si fuera el primero,
quizás mi vicio a las cosquillas,
quizás arriba,
en la cama,
otra vez,
el primero.
Espero que sepas de qué hablo cuando no digo absolutamente nada,
y que me beses, joder,
que me beses de una puta vez.

Bienvenida a Marzo, la estación donde dejé de perder trenes para aferrarme a uno.
De muchos.


jueves, 15 de enero de 2015

Poemas no, pero penas las que quieras.


Ojalá te vaya todo mal para que puedan arreglártelo todo, y se queden.
Que no sepas si es prisa o risa,
porque llevas prisa y te entra la risa,
porque la risa no sabes si llevarla o te lleva ella ti.
Que mantengas tu puesto de trabajo por placer y no por necesidad,
que necesites un respiro y se te conceda,
el baile y lo que seas.

Que dudes de la duda y sus comodines,
que se te acomode la seguridad
y que sea mentira.

Que me llames al número que no te llegué a dar pidiendo perdón,
que no sepas por qué.
Que lo sientas.
Que yo también.

Tápame la luna, y que sea la del coche,
llévale la contraria a Andrés.
Ojalá sepas dónde.

Lo cierto es que sé donde salir a buscarte
que viene a ser lo mismo que saber donde entrar,
que la que duda soy yo,
y me llevo la contraria
pero no sé dónde,
que desde aquella tarde que se nos hizo de noche,
que desde entonces...
No sé.


'Éramos la noche y el día, pero qué noche la de aquel día.' - Irene X.




sábado, 3 de enero de 2015

A mí, qué.


Y a mí qué tus enfados de niña de veintitantos.
A mí qué tu pestañeo.
A mí qué tu manera de andar de lado a lado.
Y a mí qué tu pelo.
A mí qué tus formas.
A mí qué tu risa.
A mí qué tus bailes.
A mí qué tu prisa.
A mí qué si llegas tarde.
A mí qué si no vuelves.
A mí qué si te quedas.
A mí qué tus alas.
Y a mí qué tus cuentos y tus cuentas.
A mí qué tus zapatos de tacón.
A mi qué tus ojos.
A mí qué tus manos.
A mí qué tu miedo.
A mí qué tus pesadillas.
A mí qué tus sueños.
A mí qué tus monstruos.
A mí qué tus películas.
A mí qué con quien folles.
A mí qué si quieres, o si no.
A mí qué si echas de menos o de más.
A mí qué tu insomnio.
Y a mí qué tu tiempo.

A
mí
qué
tú.

Pregunto. 




jueves, 18 de diciembre de 2014

Escupir.


Llevo tiempo buscándome en los cementerios, por si aparezco y quieres conquistarme con alguna que otra flor. Los que me dejaron vestida de negro saben bien que la culpa es mía, que aún así persigo el fracaso por si quiere casarse con alguien que sepa que me amarás en secreto.

Entré en razón y no había nadie.
A mí no me des cuentas, que aún no me salen las últimas.
Nos llevaremos bien cuándo sepa hacia dónde y qué.
No me líes, no sé qué coño te has pensado que puedes fumar, el mío no.
Te tengo mucho miedo, llévatelo de una puta vez. Pero vete, vete con él.
Desde que me hablas del resto yo sólo pienso en Madrid, huyendo con cualquiera de ti.
Vete a por tabaco, me da igual que hayas decido dejarlo, no vuelvas.
A mí no me llames, idiota.
Si tienes un día gris te jodes, no conozco a nadie con súper poderes que vaya a cambiarte los colores.
Dame tiempo, por lo menos devuélveme el que perdí contigo.
Dime de qué presumes y te diré lo tonta que eres.
Tengo muchos sueños, pero tú eres una pesadilla.
Quita, quita, no sabes contar cuentos y me vas a venir con historias.
No sé cómo no se te ha ocurrido estudiar cine, se te da de puta madre montarte pelis.
Claro que te quiero, lo más lejos posible, al fondo, tócalo bien.
Déjate de faroles, que los fundes.
Flores no, pero espinas te tiro las que quieras.
Aunque tú de querer ni puta idea.


Para qué voy a buscar al amor de mi vida teniendo espejo. A ver.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Siéntate, no tenemos que hablar.


No contestabas a los mensajes y decidí salir a buscarte.
Siempre estás en el trabajo, menos cuando finges estar trabajando.

- ¿Tú qué haces aquí?
Me dices vestida de negro -luto-.

- Sólo te voy a robar 10 minutos más.
Te digo vestida de flores -cementerio.-

- Está bien, vamos a sentarnos fuera.
(¿”Está bien”? ¿Qué está bien? ¿Dónde? ¿Durará? ¿Estará segura de que está?)

Nos sentamos y sé perfectamente que nadie acudirá a este entierro, muchos menos a pagarlo. Apagarlo.

- Dónde andas, que ya no asaltas mi buzón de entrada.
Debería haber preguntado con quién. Con quién andas por los cables, desnuda.

- Lo siento, estoy muy liada con el trabajo.
(¿Lo sientes? ¿Qué y cómo? Lo tuyo es otra cosa.)

- Bueno, como cuando empezamos. Pero al revés.
Me reconozco, pero ni si quiera estoy segura de si alguna vez empezamos algo.

- ¿Al revés? ¿Qué quieres decir?
Hueles a miedo.

- Nada, bueno, - Nada bueno- ¿Qué te debo, camarera?
Te digo, mientras saco a Grecia de la mochila, con la sonrisa que me representa.

- Tú nunca le debes nada a nadie.
Miras a Grecia.

- No mientas, que a ti no te pagan por hacerlo.

- No miento.

Que no miente dice, que no sabe parar. Que ha retirado la mirada 10 veces antes de decirme dónde no estaba. Que se cree que no me conozco sus fines de semana rodando en otras camas. Que no, miente.

Saco un papel y un boli y escribo:
A la chica rebelde del sur: paseos sin vuelta de hoja por Córdoba, 10 noches durmiendo bajo los efectos de la risa y más risa.
A la que creí salvavidas antes de dejarme ahogar: Un concierto de la Mala, 10 porros, 150 bailes, un paseo por la India, y un libro de 200 páginas. 
A la más guapa de mis libros favoritos: Liar 50, dejarme arropar, ser yo esta vez la borracha. Dejarme ver a su alrededor mientras recita. Abrazo. Beso. Reconocerme feliz con la canción más triste.
Paseos por y a medio mundo.
A ti: una explicación.
A mí: ser feliz de una puta vez.


Te lo acerco y antes de que empieces a leer ya te intuyo confusa y asustada.
Ay, el miedo del que sabe que va a empezar a valorar algo cuando lo pierde.
Todavía confundimos conquistar a una camarera con follárnosla.

- ¿Me debes una explicación?

Abro Grecia por la página 248. Se posa en tus manos.
- Lee.

Te miro sin hacer ruido.
Te observo mientras lo haces; sonríes.
Idiota, no sabes lo que te espera. Yo desde luego no.
Otra línea; sigues sonriendo.
Yo permanezco seria, inerte e hiriente.
Llegas a mi parte favorita: el final.
Te noto otra vez asustada. Acojonada. Como si a un gato le quitas de repente 6 vidas y media.

'¿Lo sabes, verdad? ¿Sabes que te quiero?
Pues te equivocas.'

Ese era el final. Y yo lo elegí entre tantos para que fuera el nuestro.

- Puede que tengas razón y ya no le deba nada a nadie, y lo que queda sin tachar en esa lista sean deseos y no deberes.

Me acerqué a tu boca y te besé como si no hubiera mañana -para nosotras ya no-.
Aún sigo viendo tu palidez cada vez que miro por el retrovisor del coche y aún me sigo riendo mejor como última que como primera.

Ahora ya sabes que nunca fui una opción.

martes, 30 de septiembre de 2014

'Será por culpa de que estamos de bajón.'


El tiempo se me está amontonando, coge un poco más, que me pesa.
No estoy para tanta pena, ni para tan poca. Se me han acabado los términos medios, si quieres lo apunto y cuando vuelvan te llamo.
Quiero largarme de aquí con más fuerzas que nunca; las que tú me quitabas han vuelto.
Soy un lienzo casi en blanco, llevo la inicial del primer amor de mi vida, no pienso olvidarte, ni falta que hace. Menos mal todo, porque tú.
No le debo nada a nadie que no sea yo; un perdón por todo lo que he dejado que me hagas.
Y ya no, ya no.
Puedes irte, ni si quiera voy a notarlo, lo recuerdos que dejaste los guardo en la única caja que casi nunca abro.
Los hijos que nunca tendremos hoy volvieron a darme las gracias. Serán con otra.
Las batallas perdidas ahora se están levantando y parecen mucho más felices, me sonríen por la ventana y me bailan como las hojas por la calle, y eso que estamos en otoño y se caen. Me enseñan a volar, y cada vez que lo hago me despierto en mi cama empachada del cuerpo que siempre quise tener a mi lado. Y lo beso despacio en el espejo, y le lloro la pérdida antes de que nos inunde la risa, y lo acaricio como nunca antes nadie. Y lo acarician como siempre, y ya no dejo de sentir nada; tengo corazón a pesar de las causas perdidas.
No grites, no voy a escucharte, ya hemos tenido bastante con lo que no hemos tenido.
Ojalá no lo entiendas nunca y las dudas no te dejen dormir, que te atormenten los sueños, que te parta un rayo y nadie quiera ninguna mitad.
Que lo hagas en silencio, que esta vez a mí me da igual.


Ser felices,

sin ella.


domingo, 31 de agosto de 2014

Fui vencida, y aprendí a escribir por mí.

A la tercera vez que intentas escribir un libro va la vencida.



Y me senté a mirar tus fotos con la inseguridad que proporciona sentir después que no debería haberlo hecho. Pero lo hice, y esta vez los recuerdos eran trenes que ya no paraban en tu estación,
me pesó el recuerdo de mi cuerpo sangrando, de las heridas que tapaste sin apretar, que sólo me dejaste ocultar. Ocultar es otra forma de mentir, que no se nos olvide.

Esta vez no necesito flores; he conocido a alguien, creo que soy yo,
aunque ni si quiera sé con qué ciudad quedarme, o si es ella la que se tiene que quedar conmigo,
pero las he mirado sin pensar en ti, y las he visto bailando, inventando una canción en un balcón, en el mismo que una chica que no es cualquiera toca la guitarra.
Y he querido quedarme, 
me he sabido mía, como nadie, 
y no me ha hecho falta correr,
ni si quiera seguir escribiendo para llegar al punto y final. 
Lo cierto es, que al final ya le sobran demasiados puntos.


Que después de los finales no nos vengan más perdices, nunca fui de quedarme con las alas de nadie.