mientras esperaba sentada en frente de
un paso de peatones que aparecieras.
Como si quiera verte y seguir fingiendo
que no nos conocemos.
Parezco nueva.
“Apartate.”
Que ya sabes que puedo decir “adiós”
pensando en un “hasta pronto”
cientos de veces.
Pero creo que a veces es al revés.
Y me da más vértigo.
Un día,
te acuerdas de otro,
y prefieres no escribir más.
miércoles, 5 de junio de 2013
— ¿Por qué no te alejas ya y dejas de pensar en ella? — Porque la quiero.
Estar sin ti, es como saltar al vacío, pero con muchos más cristales en la caída. No te alejes nunca del todo. No dejes que te pierda. Mátame con tus manos, apriétame muy fuerte. Ven. Yo te cuido.
Imagina una ducha de agua fría, pero por dentro. Imagíname gritando a la pared con ganas de que alguien me salve, sabiendo que nadie, excepto tú, podría haberlo hecho. Tendré que aprender,
aprender que está vez si será el
final,
que no me olvidarás,
porque nunca me has recordado.
Y tengo que hacer la maleta,
para vaciarla,
y hacerme a la idea,
y deshacer todo lo demás.
Yo no encuentro nada sin ti,
y por eso, en nada me quedo.
De tantas ganas de dormir contigo,
me he quedado con ganas
y sin sueño.
Ojalá decir que eras tú,
y que siempre serás,
fuese una mentira de mi corazón,
que me estuviera engañando,
aún sabiendo que jamás,
que nunca,
y que siempre,
te querré a ti, como a nadie.
A veces un “lo siento”
es todo menos una disculpa.
Y lo siento,
y te siento.
Y me dueles,
y me hielo.
Y tú, me deshaces,
para no hacerme,
quizás
nunca
más.
Y yo no ser.
Me moriré de ganas de decirte que
te voy a echar de menos.
Pestañeo lentamente para declararme en muerte. Caigo empicada, en mí, por todos. Escribo como si cada letra se me clavase entre pecho y garganta, con las dudas entre las piernas. Da igual la distancia cuando vives encerrada. Todas las líneas hablan de despedidas y de ausencias. Y sigo sin llevarme bien con ellas, así que tan bien no lo debo estar haciendo. Qué sabréis vosotros, si mi sueño jamás ha dormido conmigo, y vosotros os pasáis los días en las nubes. No tengo metas, ni esperas válidas, ningún intento me está valiendo la pena. Maldigo todos los silencios que hacen ruido, como si pudiera dejar atrás un pájaro su nido nada más nacer, comenzar a vivir es darse cuenta de que puedes morir, y querer hacerlo, sólo es una forma de pedir a gritos que te salven, cuando nadie quiere hacerlo. Estoy llorando al borde de la nada, porque no me he movido y sigo con ese puto miedo a todo lo conocido. Estoy viva, pero ni sana, ni salva.
Estamos hechos de historias, sean mentiras, o sean verdad. Y anoche, antes de dormir, se escribió una historia con punto y final, no lo dudes, aunque cualquier final, pueda tener otro comienzo, nunca hay dos iguales, ni duran tanto, ni tan poco. Duras de más en mí. Me quedo con tu letra, la mayor de cualquier cuento. Los imposibles a punta de pistola y todas esas flores. Claro que no sé de poesía, tú te la has llevado toda. Y claro que no sé vivir, pero sé de vida. Se me da tan bien sonreír a desconocidas... como enamorarme para dejar que me rompan. Porque vivir, es sentir que alguien está muriendo, aunque ese alguien seas tú misma. Me pido perdón por todo, por olvidarme. Me pido perdón, sobretodo por no saber cómo acercarme a mí. Y la solución la puedes tener tú, me enamoré de tus letras, y ya imaginaba qué eras, y ahora te escribo, te miro, y lo confirmo. Eres inmortal.
Te escondo en cada paréntesis como si
quiera recordarte,
y aún así, sobrevivo a todo.
Aunque no te vea, ni te sienta, aunque
no hace falta que me digas que no habrá próxima vez,
te espero,
como se esperan las causas perdidas,
en la cama,
cada noche,
por si las lágrimas.
Como quien no quiere darse por vencida,
pero ya lo ha hecho.
Como quien huye acercándose.
Quien no tiene miedo porque ya lo ha
agotado todo.
Mi amor, te escribo desde el desamor,
que sé lo que es, y no dejes de hacérmelo. Que tus mentiras a
medias envenenan mi sangre a destiempo, como tu saliva aún
recorriendo mi cuerpo (por dentro).
Que no te echaré de menos
(y otras mentiras).
Por que ya sé que desde que yo, tú no
has cambiado.
Siento haberme creído hasta lo que no
decías,
siento haberte sentido... no sabes
cuánto.
Y ojalá nunca te duelan como tú de mal,
ojalá nunca sientas
y no dejes que te sientan.
Llámalo como quieras,
pero llámalo.
Pero si acaso, alguna vez, te acuerdas
de mí,
por favor, recuerda, que yo, te quise
(y en presente), cómo jamás te querrá quién más te haya marcado.
No es el punto muerto lo que me da miedo, lo que me da miedo es no saber qué hacer al intentar vivir, al arrancar. A la mierda eso de adecuarse a la velocidad que indiquen las señales.
Tú eres el mayor peligro y ni de cerca te alcanzo.
Me llevas. La putada es que lo haces sin querer.
Quién pudiera salvarte de todo sin que al otro lado tengas una voz de muerte.
Ya no sé qué hago suplicando que vuelvas, que te quedes un rato conmigo, que me hagas renacer. Para luego matarme. Y eso, es verdad, me matas tan bien que me quedaría vivir en tu infierno. Pero no puedes encerrar a un pájaro entre papel durante tanto tiempo, no puedo contigo sin mí, ni conmigo sin ti.
Tus manos son un tesoro intocable (para mí), pero son tantas caricias para otras, que espero que nunca dejen de hacértelo, para que no dejes de reír tan fuerte que casi quiera echarme a llorar.
Mi amor, no sé escribirte todo lo que siento, porque dueles incluso a dos metros, y eso, me quita hasta la respiración, ¿cómo no te vas a llevar mi inspiración cada vez que pestañeas? Que no sé mirarte con los ojos abiertos, porque te conté las pestañas y me hablaron de lo que haces a escondidas, de lo que tú nunca cuentas. Imagínate el miedo, pero cumpliéndose. Imagina no poder tocar nada sin hostiarte tú primero. Por supuesto que no estoy muerta, pero sé lo que es querer hacerlo, llámalo X, llámalo absurdo, pero sobretodo llámalo ir por la calle buscándote es decir, llámalo esperanza (la poca que me queda), y arráncamela de cuajo, quizás así duela menos, quizá duela más y me despierte. Quizá, mi vida.. quizá sea todo un cuento, de esos que lees muchas veces hasta saberlos de memoria, fingiendo aburrirte, cuando lo que estás deseando es volver a empezar.
No paso página, no porque ocupes seis, ni siete, es que estás escrita hasta en la portada. Eres un libro entero, pequeña, el más bonito y jodido libro que pasará por mi vida.
Y perdóname, perdóname por llamarte "vida" y luego decir que mi vida es pura tontería, puro no saber qué hacer con ella, porque tú no tienes nada que ver con eso, mejor serás mi "muerte", porque te espero sentada, querida.
Justo en el medio de todo lo que no sé explicar. En el jodido rincón más profundo. Y qué vértigo me da mirarte, pensarte, o regalarte cualquier frase. No sé hasta que punto voy a (no) decirte te echo de menos. Que yo pienso en ti más que en la poesía, porque poesía es todo lo que dices. Ya sé que no escribirte no es más que una forma de no hacerme ni puto caso a mí misma. Que por mí, saldría corriendo, y joder si te haría corre(te) a ti también. Y es que no sé qué hago cada dos por tres dejando que me quiten las razones de querer seguir en esto. Mi amor, no dejes nunca de querer, aunque no sea a mí, pero quiere bien, que no dejen de hacértelo a ti tampoco.
Te pienso de lado, boca arriba, boca abajo.
Con los ojos cerrados, con los ojos abiertos.
Con los sueños jodidos, con los sueños cansados.
Con cinco vasos por olvidarte, y pocos por recordarte.
Que no soy yo desde que no bebo de tu boca,
desde que no (te) fumo.
Te pienso sin mí,
y doy en el clavo,
y doy en la herida,
y sangro. Vaya si sangro...
Y ojalá me digas lo que nos queda.
Ojalá te vistan de azul. Pero lejos.
Guarda bien mi corazón,
últimamente pasa mucho frío,
pero devuélvemelo pronto,
que ya sé que me lo van a volver a robar,
pero ojalá se sepan quedar.
De pasada, por tu vida, por tu cama,
por tus labios. Por la puerta de tu casa a las 11 de la noche. Con
ese puto frío que te queda la cabeza en otra parte, y me he colado
hasta ti, sin tocarte. Esperando a que salieras fuera y me abrazaras
fuerte. Para irte, como siempre. Pero te has quedado quieta y
sonriendo a sus palabras, olvidando que yo estaba esperando por ti. Cómo quien no tiene ni puta idea de nada. Despertándome en plena lluvia de ti para, esta vez, huir de tus manos, y de mí. Una hostia en todos los esquemas, eso eres tú. Que no me pidan que te cierre la puerta; tú ya estás dentro.
No te culpo,
no eres tú,
soy yo,
que te quiero más.
Mi noche fue ayer, sin ti, por eso. Que cuando tú, la noche sólo te mira a ti, y está jodida la cosa. No te lo veías venir si no has conseguido leerme bien. Yo no te debo nada, y te lo daría todo.
Ojalá hablar de mí sin terminar hablando de ti. Que yo a mis desconocidos les hablo de tu ciudad.
Estoy hasta las tetas de que no seas mi poeta. De que no quieras revolcón. De que no quieras quererme ver, y no me veas.
Eres las páginas de un libro que solo tú sabes cómo va a acabar. Y aquí me tienes, leyéndote, y cortándome de vez en cuando al intentar pasar página. No es la historia de nunca acabar, es la historia de nunca haber empezado. Me dejas ser sólo a medias. Me sujetas con tus manos frágiles, ocupadas. Como quien intenta girar el pomo de una puerta sosteniendo unas cuantas botellas de vodka barato. Y yo sigo esperando a que abras del todo, por ver si decides quedarte. Algún día, un rato más, cinco minutos (no me despiertes de golpe). Tengo ovillos de lana en sustitución del cerebro. Se deshilachan, se hacen nudos, y cada nudo forma tu nombre. Y se muerden por los extremos, y lloran, se retuercen, tiemblan. Están agilipollándome de ti. Apágame un ratito cuando te tenga cerca, sería más fácil así que imaginar en qué (quién) estarás pensando que no sea yo, más fácil que ver cómo le dedicas cada gesto a otra. Pero no tardes en encenderme con un beso. O dos. O tres. O los que quieras. Sé que estoy viva por que me matas. Eres la peor droga; la más adictiva e ilegal. Me salen carreteras por los ojos, y se inundan de pensarte. Ya no saben cómo parar en cada "stop". Ahora dime tú qué debo hacer si no soy yo la que te va a acompañar a ese concierto, ni la que va a dormir esa noche contigo. Soy de esas que no todas recomiendan. Así que, dime tú, dime que no soy para ti, porque tú eres tanto y yo me estoy quedando en muy poco. Vas a ser el estudio al que más tiempo voy a dedicar. Vas a ser la asignatura que más me va a doler suspender.
Tenía
que haber revisado tu tristeza antes, y a lo mejor es que no sé.
Vengo a
que me dediques unos minutos y me leas. Ponte la sonrisa.
Mejor
vamos a otro lado, que tú ya no estás cerca.
Pensé
que podía permitirme renunciar a ti por otras cosas que no tengo ni
idea de lo que son, y yo sólo sé que quiero estar cerca de ti.
Hay más
de cien mujeres que se enamorarían de ti, las muy cabronas.
Me gusta
tu cara, tu cara en todos los momentos. Y me
gustas tú. Aunque
duelas, a destiempo. Que sé que no quieres y eso es lo mismo que
hace que me olvide. No sé si me explico.
Volviste
en pleno Diciembre, y yo sigo con las ideas congeladas. Me has
causado tantas tormentas, que me ha empezado a gustar que llueva. No
me gusta perder, pero yo por ti pierdo hasta el habla. Es cierto,
nunca he sido demasiado callada.
Tira los
dados, que los tengo trucados para salir siempre yo y ver como tú
les das la vuelta. Y sonríes. Te salvaría, pero es que no puedo ni
quiero cambiarte. Eres un “tal para cual”, aunque no sepa quién
es esa zorra de “cual” que siempre está en medio.
Ojalá el
único daño que se atrevan a hacerte sea morderte muy fuerte.
Y te lo
digo con el corazón en la mano, para que no se me escape y quiera
huir sabiendo el miedo que me da imaginarte en otros brazos. (Pero
shh, es un secreto, no lo vayas a gritar.)
Y eso que
aún no te dejas mirar del todo bien, pero tranquila, que voy a
seguir regalándote mi tiempo, aunque no sea lo que buscas, y tú
sigas siendo lo que encuentro porque siempre he querido que sea así. No dejes nunca que me queje de ti, porque yo he aceptado tus
términos y condiciones aún sabiendo que la letra pequeña me iba a
doler.
Porque
para mí no eres sólo Dicembre, ni Enero, ni Febrero, ni Marzo
sumando tus primaveras, es que ya eres Abril, y quiero que te lo
quedes, y que sigas siendo, aunque no seas. Creo
que está vez no me explico.
Respiras
otros cuerpos sin darte cuenta de que das más de respirar tú que
cualquier otra.
Pero te
entiendo, yo tampoco sé decir que no. Porque me puedes. Y te
lo digo queriendo, y sin querer, porque a veces se me escapa y no
quiero que te asustes; pero te echo de menos cada vez más y eso que
cada vez estamos más cerca, y sin darnos cuenta.
Quédate todo mi calor, que luego querrá
entrar el verano pisando fuerte. Como
tú.